Ser en la vida real

Ser en la vida real

Una base clara deja detrás de sí una piel pulida y brillante. Los pinceles realzan las esquinas más escondidas de un rostro. Los pliegues se retocan con golpes suaves y concisos. La mano que los realiza culmina en unas uñas negras a medio pintar. Las cejas, que parecen ser un desafío, se alisan tanto que parecen pegadas al cráneo. Una crema blanca palidece su negrura.

Bombis mira de tanto en tanto al suelo. Sacude sus manos e intenta secar el maquillaje. Esas manos son las que irremediablemente lo transforman en artista. Una gorra achata un pelo no tan elegante. Posará sobre ella una peluca.

Su reflejo le devuelve una imagen, después otra. Capa por capa el espejo es cómplice de sus pasos y lo refleja en una superficie de 20 centímetros de largo. No es necesario un espejo más largo, ni ninguna otra comodidad: Bombis se maquilla de pie. Las lamparillas del botiquín del baño enfocan su rostro y muestran hasta el último recoveco.

La música que proviene de otra habitación y el pincel que toma una base más oscura y realza sus pómulos, pregonan arte. Nuevos colores, nuevas sombras, nuevos delineadores, harán del rostro un lienzo, a sus manos llenas de destreza la herramienta de un artista y a sus complexiones las de una mujer.

Una mujer camina con unos tacos de 15 cm. Un enjambre de mujeres, hombres, trans, camiones con música, la acompañan. Transpiran, toman, fuman, ríen, bailan. El sonido de una Gloria Trevi, el hit más conocido de Miss Bolivia, son entonados con fervor. El sonido de los tacos no se oye. En la mitad de 18 de julio, la delantera es suya.

Madame estira sus manos con gracia, abre las faldas de un vestido de seda negra. El escote pronunciado deja ver, de tanto en tanto alguna teta rosada. El corsé es el culpable: tironea hacia abajo la seda negra. Una telaraña blanca será la decoración del vestido. Y las medias de red, que Bombis ganó en un concurso de drag queen, realzan sus piernas.

En la intendencia camina sin apuro:

-Me duelen los pies- se queja

Pady se saca una foto con él. También lo hace un grupo de adolescentes cuando se retira del principio de la marcha.

-¿Puedo sacarme una foto contigo? – le piden.

Bombis mira a través de la cámara en la Marcha de la Diversidad, Octubre 2017

Accede, saca la lengua, muestra sus piernas, su maquillaje, su entereza. Se encorva delicadamente, para que aquellas mujeres no queden demasiado

pequeñas. Se retira unos pasos y pide vino.

-Me duelen los pies – repite.

Una mujer se aparta de su grupo. Chilla y lo abraza. Uno de ellos inicia una conversación escueta:

-¿Cómo estás?-

-Bien, tengo muchas cosas que hacer.-

Más adelante otra mujer hace lo suyo. En la vereda contraria, dirá lo que es de su necesidad. “Lindo”, “Bello”, “Me encanta”.

Un fotógrafo se arrima y le saca fotos. Toma el vino que le prometió. Su boca roja toca la caja de un faisán con naturalidad. “Es elixir”, dice jugando, lo que lleva a que las cosas surjan más rápidas, el fin de la marcha y su huida.

Se desvía al llegar por el callejón de la Universidad. Los baños químicos, la gente y los tacones le dificultan el paso. Un grupo de adolescentes le pide una foto. Sonríe y dobla sus rodillas.

Sigue por el menos atareado callejón.

-Mirá el maquillaje- se dicen dos mujeres entre ellas al mirarlo.

Sigue: tiene que llegar temprano a clase.

Al salir del callejón se descalza y aliviado camina rápido.

-Escuchaste cómo admiraban tu maquillaje…

-Sí – dice sin entonar fuerte, restando distancia e importancia.

Llega finalmente. Al subir por el ascensor se ata la hebilla de los tacones. Entra a clase. Resta un segundo al discurso que da el profesor en el frente. Una de sus compañeras exclama “Qué genio.” Pero el silencio dura un segundo y la clase se dicta con normalidad.

La pantalla múltiple

Una vez más, las sandalias plateadas de taco sostienen sus piernas en provocativas medias de red. Su cuerpo se detiene en lapso sobre una de las paredes de la Sala Chaplin mientras que sus ojos recorren la curiosa mirada del público. Su corset se mueve de un lado al otro como avivado y seducido por la melodía de Sweet Transvestite.

En el hall del Cine Universitario

No es una película, tampoco un musical, ni siquiera una mezcla de ambos lenguajes. Es todo a la vez de forma simultánea e invita a crear un despliegue de personajes dentro y fuera de la pantalla. La voz de Bombis a punto pico en un voltaje infinito se expande rápidamente por toda la sala y aunque el Dr Frank-N-Furter baja del ascensor en ese mismo instante, atrapado en la pantalla gigante de The Rocky Horror Picture Show, el público ha dejado de prestar atención a esa versión de formato audiovisual. Bombis y el resto del grupo L- Bumba seducen personas e inclusive a las butacas en micro segundos de su interpretación. Un embriagador fetichismo enciende a los espectadores. Todos quieren un aliño de ficción en todo lo real y es Bombis quien lo encarna entre una boa de plumas carmesí y un cromático maquillaje. En el trazo visual de una línea, de arriba hacia abajo los personajes parecen mezclarse. Película, subtítulos, L- Bumba y un solo guión. La línea del foco atencional no tiene principio. Una compleja proposición de distraer y concentrar entre diferentes lencerías, redes ajustadas, portaligas al borde del estallido, un musical dentro y fuera de la película proyectada. Una sátira de ficción remodelada ante la propia ficción material. Las luces de un faro son linternas en intermitencia que recorren la sala. Los estallidos y explosiones son ejecutadas por el estruendo de un par de globos inmersos en la platea y los pasillos se convierten en pasadizos de una escena a otra.

24 minutos dictan ya el paralelismo entre ambas propuestas musicales. Una allí en 1975 incrustada en el tiempo para ser reproducida una y otra vez de la misma manera y otra versión en 2017 como performance y adaptación, para ser presentada de manera única e irrepetible hoy en esta travestida sala. En un rincón pintoresco cuasi inexplorado, el personaje, el papel y el interpretante, cambian pieles entre sí y casi al final del film la frase de Tim Curry (Dr Frank-N-Furter) quien flota dentro de una piscina de manera suspendida en la propia acción de coquetear con los espectadores, parece delimitar la historia y darle sentido al juego de roles. “No solo lo sueñes, identificate”, a modo de ciclo Frank N Furter explora y se acurruca entre sus palabras, mueve sus manos lentamente dentro del agua y sostiene la mirada en un primerísimo primer plano. Bombis embelesado, repite los movimientos e impregna al público con el mensaje de fines hipnóticos. Ambos totalmente separados entre los años y el espacio, mantienen latente el hecho de ser quien se quiera, siempre a fin de soñar y finalmente evocar. Ser en cualquier película de antes o de ahora, en cualquier perfomance, en cualquier vida real.