No les pasó, nos pasa

No les pasó, les pasa

Breve relato de la vigésima tercera Marcha del Silencio

En Jackson y Rivera, a las 18. 40 se percibía la típica tranquilidad de una tarde de domingo en la vigésima tercera Marcha del Silencio, a diferencia de años anteriores en que debido a la vorágine de un día hábil el silencio demoraba en instalarse. Los carteles de la consigna que decían: “Impunidad y Responsabilidad del estado” parecían flotar entre las cabezas de las personas que se encontraban concentradas.

Sobre la vereda de la calle Rivera, junto al monumento en homenaje a los detenidos desaparecidos, se veía una fila de carteles con los rostros de los compañeros que desaparecieron en la década de 1970 tras el Terrorismo de Estado. Cerca del monumento, se encontraba  Elena Zaffaroni, familiar de Luis Eduardo Chiqui González. Elena rememoró que en plena dictadura se habían hecho algunas marchas sin silencio.Sin embargo el 20 de mayo de 1996, se realizó la primera marcha en silencio, como forma de reivindicar la verdad y la justicia en el esclarecimiento de los delitos de lesa humanidad. Ignacio Errandonea, vocero de Madres y Familiares, comentó que el silencio era “una forma para que las víctimas tuvieran el protagonismo”. También,  porque es una manifestación que “unifica a todos los ciudadanos”, no importa de dónde vienen, y a qué grupo pertenecen, lo que sí importa es que se acerquen. Solo así tiene sentido pensar que ese delito que ocurrió hace 43 años, no le ocurrió sólo al que desapareció, lo mataron y torturaron. Sino que son delitos de Lesa Humanidad. El término significa “lastimar a la patria”, porque afecta a todo el colectivo. “No es un silencio pasivo, tampoco de duelo: es un silencio que, acompañado con las fotos, cobra más fuerza”, reflexionó Zaffaroni.

Justo a las 19.00 la multitud empezó a caminar por la avenida 18 de Julio, y con ella las fotografías de los rostros en los carteles. Sobre el cordón estudiantes caminaban tomados de las manos, concentrados y pendientes del que estaba al lado para que no se rompiera la cadena. Elena no llevaba el cartel de Eduardo Chiqui González, pero alertó en la concentración que llevaría cualquier otro y sonrió con los ojos empañados. Una vez más se notaba que los suyos eran todos ellos.

A la altura de la Universidad la marcha se detuvo unos segundos. La gente se hablaba al oído, y también aprovechaba para cambiar de lugar y de repente te iluminaba algún flash desde los monumentos de la Biblioteca Nacional, o desde algún balcón, dependía de la perspectiva. Cuando se detenía la marcha, siempre había algún rostro desde el cartel mirando a alguien.

“Es un día muy especial, es para recordarlos. Nuestras vidas están unidas para siempre a esto”, expresó Zaffaroni. Luis Eduardo Chiqui González era el líder del Partido Comunista Revolucionario (PCR). Lo detienen el 12 de diciembre de 1974, junto a su esposa Elena embarazada. Fueron llevados Regimiento Atanasildo Suárez de Caballería Mecanizada Nº 6, pero él no resistió la tortura y hasta hoy se desconoce su paradero. Sus compañeros del PCR, en democracia, hicieron la denuncia por delitos de tortura y su desaparición. Recuerdan, como una huella de impunidad,que en una oportunidad desde el juzgado Penal de 2º Turno les solicitaron a los denunciantes que aportaran las direcciones de los represores. 

La marcha se detuvo por segunda vez, en 18 de Julio y Magallanes. Elena seguía en el medio de la calle, con el cartel de Raúl Barreto. La procesión no paró hasta llegar a la Intendencia de Montevideo. Sonaba desde un parlante “María Rosa Aguirre”, la gente contestaba: “presente”. En una esquina de esta misma avenida en la madrugada de aquel 12 de diciembre, Elena esperaba a Chiqui que venía con unas valijas, un mimeógrafo y papeles para trasladarlos y avisarle a sus compañeros que estaban desarticulando el PCR.

Los nombres seguían sonando, mientras la marcha continuaba su destino hacia la Plaza Cagancha. Una mujer le susurra a su compañero: “lo mataron”, y la frase fue opacada enseguida por las respuestas:“presente”.Como una muestra de que está presente la historia detrás de ese nombre suelto en el aire.

Sobre el final, en la vereda que daba a la Plaza Libertad el sonido se detuvo y una madre con un niño en brazos empezó a tararear el arrorró para que se durmiera. En seguida comenzó el himno nacional, y detrás de la pancarta que decía: “Impunidad y responsabilidad del Estado”, en el medio se observaba a María Bellizzi de 93 años, con el cartel de su hijo Humberto Bellizzi Bellizzi, militante de la Resistencia Obrera Estudiantil desaparecido el 19 de abril de 1977 en Argentina. María Bellizzi sigue sin saber qué destino tuvo.

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