La estructura viva

La estructura viva

El ruido de los motores no cesa. Sin apuro, las camionetas avanzan milimétricamente sobre el Río Yi. Los vidrios dividen un afuera de calor abrasador, con el adentro climatizado. Miles de productores agropecuarios enfilan hacia la Sociedad Rural de Durazno, en reclamo de mejores condiciones de rentabilidad para la producción en el campo.

Vendedores de banderines de Uruguay apostados en las inmediaciones del predio, un folklore resonante se escucha varias cuadras antes de llegar, se programó una representación musical mientras la gente arribaba. En su conjunto, la escena que se observa es comparable a la de un festival rural. Los puestos de venta de comida, asestados en un sector determinado, reciben a los hambrientos y acalorados participantes. El elaborado escenario regala la visión de un artista que es arengado por quienes se encuentran frente a él; mientras, su voz envuelve a todos en un ambiente festivo y patriótico.

Las sonrisas se destacan entre charlas distendidas, los grupos se forman a la sombra de una sombrilla o sentados en sillas de playa. Las provisiones para la jornada guardadas en las conservadoras. Doblados sobre sus espaldas y con un bronceado producto de las largas jornadas al rayo del sol, una familia espera sentada sobre la tierra. Remeras desgastadas, jeans sueltos y calzado deportivo, a diferencia de otros no llevan alhajas ni relojes, el trato que se profesan emana sencillez.

A unos metros de ellos dos mujeres se realizan una selfie, hablan de tal o cuál actividad que hicieron, o dejaron de hacer, sus hijos. Visten blusas de colores claros y sandalias con plataformas. A su alrededor predominan las camisas a cuadros de distintas marcas, las bermudas lisas y las zapatillas de cuero. La representación del entramado es heterogénea, hay tantas vestimentas como cantidad de hectáreas en manos de cada quien; tan distintas oportunidades como intereses particulares.

El inicio formal de la jornada se marca con la entonación del himno nacional. El primer orador, Federico Holzman, representante de los productores autoconvocados, asegura que se prendió una llama y el fuego se extendió por todo el país. Pide por una república “libre”, “soberana” y “sin divisiones”. Resultaría necesario quizás, entender la concepción manejada de libertad, o mejor aún, la falta de ella.

Lo prosigue el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina, quien matiza la situación de crisis. Al hablar del déficit fiscal y a que “no se puede gastar más de lo que se tiene”, los participantes irrumpen con silbidos y abucheos. Presenta posteriormente diez “mochilas” con las que considera, cargan los productores: el dólar barato, la inflación, costos de energía altos, impuestos excesivos, caminos y carreteras en mal estado, los salarios, precio de la tierra, el endeudamiento, necesidad de acuerdos comerciales y los prejuicios hacia los productores. Se pide por mayor aceptación y menos prejuicios, mientras se escuchan silbidos cuando se habla de “gremiales que patotean en las fábricas”.

El ruido de los motores no cesa. Sin apuro, las camionetas avanzan milimétricamente sobre el Río Yi. Los vidrios dividen un afuera de calor abrasador, con el adentro climatizado. Miles de productores agropecuarios enfilan hacia la Sociedad Rural de Durazno, en reclamo de mejores condiciones de rentabilidad para la producción en el campo.

Vendedores de banderines de Uruguay apostados en las inmediaciones del predio, un folklore resonante se escucha varias cuadras antes de llegar, se programó una representación musical mientras la gente arribaba. En su conjunto, la escena que se observa es comparable a la de un festival rural. Los puestos de venta de comida, asestados en un sector determinado, reciben a los hambrientos y acalorados participantes. El elaborado escenario regala la visión de un artista que es arengado por quienes se encuentran frente a él; mientras, su voz envuelve a todos en un ambiente festivo y patriótico.

Las sonrisas se destacan entre charlas distendidas, los grupos se forman a la sombra de una sombrilla o sentados en sillas de playa. Las provisiones para la jornada guardadas en las conservadoras. Doblados sobre sus espaldas y con un bronceado producto de las largas jornadas al rayo del sol, una familia espera sentada sobre la tierra. Remeras desgastadas, jeans sueltos y calzado deportivo, a diferencia de otros no llevan alhajas ni relojes, el trato que se profesan emana sencillez.

A unos metros de ellos dos mujeres se realizan una selfie, hablan de tal o cuál actividad que hicieron, o dejaron de hacer, sus hijos. Visten blusas de colores claros y sandalias con plataformas. A su alrededor predominan las camisas a cuadros de distintas marcas, las bermudas lisas y las zapatillas de cuero. La representación del entramado es heterogénea, hay tantas vestimentas como cantidad de hectáreas en manos de cada quien; tan distintas oportunidades como intereses particulares.

El inicio formal de la jornada se marca con la entonación del himno nacional. El primer orador, Federico Holzman, representante de los productores autoconvocados, asegura que se prendió una llama y el fuego se extendió por todo el país. Pide por una república “libre”, “soberana” y “sin divisiones”. Resultaría necesario quizás, entender la concepción manejada de libertad, o mejor aún, la falta de ella.

Lo prosigue el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina, quien matiza la situación de crisis. Al hablar del déficit fiscal y a que “no se puede gastar más de lo que se tiene”, los participantes irrumpen con silbidos y abucheos. Presenta posteriormente diez “mochilas” con las que considera, cargan los productores: el dólar barato, la inflación, costos de energía altos, impuestos excesivos, caminos y carreteras en mal estado, los salarios, precio de la tierra, el endeudamiento, necesidad de acuerdos comerciales y los prejuicios hacia los productores. Se pide por mayor aceptación y menos prejuicios, mientras se escuchan silbidos cuando se habla de “gremiales que patotean en las fábricas”.

Quiénes convocan

Las principales gremiales organizadoras fueron la Asociación Rural del Uruguay (ARU) y la Federación Rural (FRU). La primera se formó en 1871, bajo la consigna de la modernización; la gremial constituida por ganaderos legitimó sus propiedades con el alambramiento de los campos. Lo que llevó a quienes no pudieron pagarlo a peregrinar hacia Montevideo.

Entre otras medidas, la clase dirigente del campo contrató a trabajadores solteros. De esta forma, las familias con menos recursos quedaron a un lado del camino que tomaba la productividad. Esto llevó a que la constitución de la ARU fuera de corte empresarial o industrial.

Por su parte, la Federación Rural se fundó en 1915. En la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez, político del Partido Colorado de buen relacionar con las clases medias. Esta época se caracterizó por el aumento de exportaciones y la diversificación de los mercados. A diferencia de su antecesora, la FRU se volcó a la defensa de los criadores dentro de la ganadería. Esto llevó a que, con el paso del tiempo, entre sus socios se encontraran medianos y pequeños productores.

Entre las gremiales concurrentes se encontraba la Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR) fundada al igual que la FRU en 1915. De raíz colorada esta gremial nació con el fin de nuclear a los productores familiares arraigados en las granjas dedicadas a la agricultura o a la producción lechera para presentar cierta oposición al accionar de las gremiales ganaderas nacionalistas.

Parecido al ruralismo de los años 50, movimiento liderado por el anti batllista Benito Nardone o “Chicotazo”, la consigna era hablar claro para darse a entender. Las 10 mochilas que cargaba el agro fueron explicadas con chistes y ejemplos prácticos. “Los que pagamos por la energía y no los que estamos colgados del cable” oEs- el Estado- como en la casa familiar, uno no puede gastar más de lo que tiene.”
 
El último orador, Walter Serrano Abella, esboza un agradecimiento a los concurrentes en nombre de la libertad y la patria. Dedica elogios a “Chicotazo” y Artigas. No sin antes aclarar que el reglamento provisorio de 1815 sostiene que “ cada beneficiado debería formar, obligatoriamente, un rancho y dos corrales en el término de dos meses, los cuales eran extensibles a tres. Quién no cumpliese, se le extraería el terreno y sería donado a otro vecino más laborioso.” Al igual que Luis Alberto Lacalle en la campaña electoral de 1999 confesó que se inspiraba en el líder ruralista porque explicaba “cosas difíciles en palabras sencillas”.
 
Agrega que en la fecha se le ha dado una cachetada a la indiferencia. Habla de los tamberos, los arroceros y de cada sector, problematiza su forma de vida y los contrapone a los gastos de los legisladores. Al finalizar la algarabía crece producto de la emoción, los rostros solemnes de los presentes marcan el tenor de sus voces, el grito de “¡Viva Uruguay!¡Viva la industria!¡Viva la empresa!¡Viva el campo!”, resuena.
 
En el vitoreo se amalgaman años de diferencias y luchas entre los actores. Bastaría con mencionar que entre los adheridos a la convocatoria se encuentra la industria frigorífica, industria acusada por mantener prácticas de fijación de precios y una situación oligopólica en el mercado cárnico. “No llenemos con simplismo y demagogias la cabeza de la gente para no dejarla pensar“, afirmaba Serrano Abella.
Finalmente Jorge Landi al leer la proclama, enumera las medidas que debe tomar el Estado para reducir el gasto. Esta proclama será entregada al Presidente Tabaré Vázquez.
 
La mesa de colonos y La Reforma Agraria
 
En la movilización, hacinados, escondidos, se encontraba la Mesa Nacional de Colonos del Uruguay. Previo a la movilización, los colonos lanzaron un comunicado que reclamaba “congelamiento y refinanciación de deudas de todos los productores familiares”, “acceso a la tierra”, “exoneración de renta el primer año de colonos”, “no a la extranjerización de la tierra” y “suspender de inmediato y urgente todos los casos desalojo para ser estudiados”.
El Instituto Nacional de Colonización (INC) fue creado en 1948. Época en la que el parlamento recibió más de 20 propuestas para reformar la distribución de la tierra. Algunas, incluso, apoyadas por el socialista Emilio Frugoni. Pero la creación del ente autónomo fue la salida elegida.
 
En 1963, época de efervescencia social en la que se desarrollaron las cuatro marchas de los cañeros de Artigas, el entonces presidente del instituto, Walter Gonzalez Penales sostuvo en su libro “Tierra y Miseria” que el INC es “lo más cercano a la reforma agraria”. En 2010, el también ex presidente del INC y actual diputado por el MPP, Andrés Berterreche, consideró, en una entrevista al semanario Voces, que “la Reforma Agraria es un cliché. El INC es algo más real”. Actualmente el INC posee más de 600 mil hectáreas en todo el país.
 
La proclama final, leída por el periodista de Monte Carlo, toma en cuenta los reclamos de la Mesa a excepción del acceso a la tierra. La consigna de “no dividirse en ideologías absurdas” y de incentivar a la unificación del país “Un solo Uruguay” se materializa. En un escenario decorado por fardos y por tractores John Deere, las cámaras industriales, los voceros de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) y de la Federación Rural del Uruguay (FRU), la Asociación Nacional de Broadcasters Uruguayos (ANDEBU) y otros tantos, proclamaron por un país sin divisas.
 
Como en aquel entonces
 
El antecedente más cercano a la movilización del 23 de enero, es la marcha del 13 de abril de 1999. Marcha que fue propuesta por el movimiento nacido en Salto “No va más” y la Intergremial de Productores de Carne y Lana fundada en 1997. Esta última, estaba constituída por medianos y pequeños productores que vieron perjudicada su situación por la caída de los precios de la lana y en respuesta a la poca representación de los reclamos en la ARU y la FRU.
 
A principios de Marzo de 1999 el entonces presidente Julio María Sanguinetti anunció una serie de medidas económicas que se centraban en el equilibrio fiscal. A raíz de ese anuncio la Intergremial de Productores de Carne y Lana pidió apoyo a la ARU, a la FRU y a la CNFR para realizar una congregación frente al parlamento.
 
En consecuencia, se desataron una serie de discusiones internas dentro de las gremiales. En especial en la FRU, que estaba indecisa por su adherencia al oficialismo. Sin embargo, el 23 de marzo se conformó la Mesa Coordinadora de Gremiales Agropecuarias (MCGA) en conjunto con todas las gremiales incluída la Asociación de Colonos del Uruguay.
 
Finalmente, en abril se realizó una marcha frente al Palacio Legislativo. La proclama de las gremiales organizadoras reclamaba el atraso del vencimiento de las deudas y la reducción de impuestos a los productores.
 
En los siguientes meses, luego de la marcha, la MCGA hizo manifestaciones de toda índole, desde la huelgas de hambre hasta el corte de abastecimiento de frutas y verduras a Montevideo. Por ese entonces, al Ministro de Economía Luis Mosca fue llamado a dos interpelaciones. En la segunda interpelación la MCGA realizó un paro del sector agropecuario. Este paro generó desgastes internos que llevó a la FRU a dividirse y a la ARU a abandonar las reuniones.