Justicia Pura

Justicia Pura

Cuando la charla le provoca mayor interés vuelca el cuerpo hacia adelante y deja caer sobre la mesa palabras del lunfardo argentino. Hay algo que no puede, ni se molesta en ocultar: es villero.

Arribó a Montevideo el sábado, dice. No tuvo tiempo para recorrer demasiado dado el ajustado cronograma del Encuentro Estado y Represión, organizado por el MovAR, en el que dio una conferencia y proyectó dos cortometrajes de su autoría.

Sobre las siete de la tarde, una vez finalizada la conferencia “¿Por qué nos reprimen?” los últimos curiosos que lo rodean se dispersan, se acercan para hablarle, extenderle invitaciones, para que les firme un libro, sin embargo, no parece cansado ni molesto.

Ya sin público, sus ademanes se repiten, las manos incansablemente inquietas y la mirada absorta como quien busca la respuesta en las profundidades de la reflexión. Más que responder, cuestiona. Es que, a sus 28 años, César González es poeta y director de cine.

-¿En algún momento estuviste cerca de la resignación?

Muchas veces, hasta el día de hoy. Es así, cuando pasan estas cosas, de que se te muera un amigo, al mes otro y a la semana otro. La vida pierde sentido. Pero adquiero fuerza en, puede sonar un poco cliché, la gente. Sé que mi trabajo, mis obras, llegan a realidades muy adversas. Ahí digo que sí, que tiene sentido, ¿me entendés? Pero sí, dialogo todo el tiempo con la resignación.

-¿Qué es lo que más te cansa en este momento?

Veo que en la selva del cine se reparte tanto dinero para que puedan ser más burgueses los que ya son burgueses y yo con muy pocos recursos salvo vidas de un montón de pibes en las villas. Eso duele un poco, ya que considero que es justicia pura que los villeros hagan arte porque justamente el arte es un nido de burgueses cómodos. Lo de salvar vidas puede sonar religioso, pero están los hechos a la vista. Por dar sólo un ejemplo, Alan hoy canta, escribe y pinta. Si no lo hiciera sería otro más en la lista de muertos porque se crió en la calle con sus padres toda la vida en la cárcel. Me cansa un poco nomás el no tener los recursos necesarios para poder planificar algo más grande con los jóvenes de las villas. No lo hacemos por dinero, nunca pude pagarles lo que corresponde a los que trabajan conmigo y sin embargo seguimos adelante igual, ya filmé y estoy editando mi quinto largometraje y filmando el sexto siempre con la misma gente y otras personas nuevas que se siguen sumando

-¿No estás un poco cansado de que ciertos productos se vendan como una especie de vitrina de la pobreza?

Lo dijo Marx, el arte siempre se alimentó y generó riqueza gracias a que existen los delincuentes. No es la totalidad, no todo el mundo del arte es así por suerte, ni todo el mundo del cine. Pero es más fácil que circule una película que represente la marginalidad espectacularmente o desde el paternalismo. Existe una mirada paternalista sobre los sectores populares, que como no tienen ninguna virtud, hay que ayudarlos. Y no existe una mirada de gente que tiene mucha potencia adquirida por sus condiciones de vida. A cualquiera que nazca en una villa por más que no quiera, se le va a desarrollar cierta creatividad. Constantemente tenés que crear. No tengo para comer, no tengo trabajo, ¿qué hago? ¿qué creo? ¿qué invento?

– ¿Visitaste cantes acá en Uruguay?

No, vine ayer, no tuve tiempo de ver nada. No me gusta cuando se me pone en el lugar de si no venís acá donde te invito sos un chanta. Vivo en una villa 24 por 7, no voy un rato y vuelvo a mi casa que está en otro lugar. Mi casa está ahí, entraron balazos, levanté cuerpos de la puerta. Quieren correrme por izquierda con eso. No me pego carteles, eso a veces es contraproducente. Como no alardeo “che, hoy fui a tal penal, hoy fui a tal villa” la gente cree que no lo hago. No creo que sea algo positivo ser una especie de pastor. Vení, dale voy, ¿y qué? ¿Va a dejar de ser la gente pobre? Me pasó de dar charla en un penal y decir todo lo que pienso sobre la cárcel. Los presos hicieron un motín después de que me fui. Les venden mi visita como el arribo de un ejemplo de la meritocracia. Piensan que yo voy a ir a hablar de el que quiere puede y “bla bla bla”. Pero solo sé ir para cuestionar desde el cablecito más chiquito al edificio más grande, todo es para cuestionar en este mundo.

-Dijiste que te cuestionaba la gente de la villa. ¿Cuáles son los cuestionamientos? ¿Sos una especie de pibe cantina?

Les digo a los villeros, mi gente, miren que somos esclavos. Asumir la esclavitud requiere de mucho coraje. Los cuestionamientos son cuestionamientos muy moralistas, no profundos, considero. A partir de los 30 aparecen los cuestionamientos. En cambio el adolescente al salir de mi casa me dice “¿Cuándo filmas?”, “a mí no me llamaste” y “llámame a mí, que yo actúo re bien”. No lo puedo creer, es de las cosas más lindas que me pueden pasar. A alguna gente le gusta lo que hago, a otra no. Primero intento con mis contradicciones ser lo más transparente posible. Vivo en la villa, me pueden dar vuelta mi casa que no van a encontrar plata, no tengo auto, no tengo moto, y todo lo que gano lo reparto. Trato de salir afuera y traer para mi gente. Me importa que el pibe sepa todo sobre mí, que no tenga ningún secreto, ni nada ahí escondido, lo más importante para mí es la ética, más que el arte, más que todo.

– ¿Cuál es tu estrategia en los talleres que das? ¿Cómo hacés para que la gente se cuelgue con la literatura, la poesía y el cine?

Bajo el arte a tierra. Les digo, hay grandes artistas que no vivieron ni el uno por ciento de lo que vivieron ustedes. La vida que tienen las pibas y los pibes es una reserva inagotable para producir arte, de eso se tratan mis talleres. Es decir, tu vida traducida y llevada al arte produce algo sublime. Porque si es sublime el arte del que no vivió tanto, entonces ¿cómo lo que vivió el villero, no va a poder ser sublime? Gente que hace arte desde el dolor más material, desde sus entrañas. Trato de bajarle los textos a términos que ellos comprendan, trato de no perderles el rastro, ni quedarme afuera de las nuevas lenguas que surgen. Nadie les dijo a los pibes y pibas de las villas que son tremendos artistas de por sí, aunque no practiquen un arte, inventar una palabra en filosofía se llama neologismo, ¿quién le dijo a los pibes que son neologistas? Neologista es aquel que crea una palabra nueva. Decirle al pan marroco, a la cárcel tumba, a la policía la gorra, ¿quién lo inventó? Alguien que inventó un concepto es un filósofo. Entonces tenemos en los que supuestamente son inferiores, filósofos a rolete. Yo conozco pibes de 8 años que hablan en jerga y yo les digo eso es una poesía, escribilo. Escribí guacho pim, pum, pam, la concha de la gorra, eso es poesía. No se lo van a decir en la escuela, es más probable que allí le prohíban ese habla. Nunca corregí ortografía. Cuando hacia la revista Todo Piola a veces publicaba directamente los manuscritos, no transcribía a computadora, para que el pibe vea que no existe escribir mal. Y que hay mucha belleza en la escritura para muchos “fea”.

– Un fascismo de la lengua…

Hay un fascismo terrible, gente que se burla de la gente que escribe mal porque tiene un error de ortografía, como si saber ortografía fuera garantía de algo.

-¿Cuáles son en la literatura tus mayores influencias? ¿Qué autores te gustan?

En lo literario, son tantos… Nuestra especie es una cosecha ininterrumpida de escritores. Leo sobre todo filosofía. Pero siempre me parece importante remarcar lo que significó en mi vida Roberto Arlt, un escritor argentino del siglo XX, que se jactaba de no haber estudiado, escribía mucho con lunfardo, con la jerga de esos años, es un autor que a los pibes les llega. Lo mismo que Rodolfo Walsh, brillante escritor y comprometido. Ni hablar Jean Genet o Pasolini en poesía y también en el cine. Un poco también Bukowski, en fin, todos y todas aquellas que eran atrevidos y rupturistas en lo suyo. Desde Borges a Lamborghini, dos autores argentinos que son inversos. Lo que sí aclaro es que nunca le pido a un pibe que lea. El que quiere, tengo una biblioteca en mi casa, si te gusta un libro llevalo y como dice Frida Kalho, “donde no puedas amar, no te detengas”. Si no estás amando lo que estás leyendo, no te obligues a seguir. Eso le gusta a los pibes, que no los obligues a nada. No les doy tarea, no corrijo. Son encuentros, son relaciones, para elevar la potencia siempre, como diría Spinoza en boca de Deleuze.

– Ayer, tras la proyección te preguntaron si la violencia era la única forma de un cambio en el sistema, y vos respondiste que había que ser más creativo. ¿Tenés alguna idea de por dónde iría el cambio?

Creo que la historia es un baño de sangre y lo ideal sería que no corra más sangre. Que podamos vivir en un mundo más lindo. Lo que pasa es que es tan gigante el problema, es tan complejo, tan abierto que no es como tomarse una aspirina y el mundo cambió. Tiene que empezar sí o sí en las acciones de cada uno de nosotros, en cada instante, cada uno desde su lugar, desde su mundo, cambiar el mundo. Sumá que todas las personas tomen esa decisión, así va a cambiar. Por lo visto no va a cambiar más con una vanguardia iluminada, va a ser de otra manera, la historia está llevando las cosas para el lugar de cada uno con sus acciones, siendo coherentes, entre el discurso y la práctica. Bajar de esos relatos monumentales del cambio y llevarlo a un terreno más micro.

– Va de la mano con la idea de empoderarse. Yo soy el titular de mis derechos y los hago valer.

Los exijo, no los pido. Martí decía, los derechos no se piden, se toman.

– Lo que vos hacés en la villa con los pibes, es ejercer la comunicación. Teniendo en cuenta que otro no te puede representar.

Vos fíjate que la trampa ya está en la frase, darle voz a los que no tienen voz, ¿qué son? ¿mudos? ¿cómo que no tienen voz? Sí que tienen voz. Es darle el canal de expresión, el espacio. Dice Guattari que el discurso de las minorías es un discurso inaudible, un discurso que está pero no lo sabemos escuchar, el de los villeros, el de las mujeres, el de la comunidad trans. Creo que está a la vista ¿no? Revisemos un diario, revisemos cualquier librería, cualquier biblioteca, ¿cuánta gente de la villa hay? O autores, casi ninguno. Entonces está a la vista que faltan muchos espacios para las clases más bajas.

– A veces cuanto más lees, y cuanto más consciente sos de ciertas cosas te provoca cierto escepticismo, cierto descreimiento. ¿Cómo se hace para conservar el optimismo y desde ahí transformar?

Sí, después de todo lo que viví en la cárcel, y con los balazos de afuera, cualquier adversidad de la vida acá es un chiste al lado de allá adentro. Allá donde no comés días seguidos, donde te dejan en una celda días enteros, salir acá y quejarte, no me sale. Cada tanto me dicen, “che pero que escéptico, que pesimista” y yo les respondo: soy un pesimista productivo. Una cosa es el escepticismo, otra es tomar conciencia de que el mundo es un horror. Tomar conciencia de que el mundo es un horror no es escepticismo, es lucidez. Si se toma conciencia del mundo estás obligado a ser escéptico, un poco nihilista. Hay que partir desde la certeza de que nada va a cambiar, creérselo, aferrarse a ella. Estar tan convencido de eso, que sea insoportable vivir, entonces sí o sí va a nacer algo para no creer que eso es determinante.

– A veces en ese escepticismo, en ese nihilismo, uno se siente medianamente solo. ¿Cómo hacer para superar ese sentimiento de frustración?

La frustración todo el tiempo está, pero no hay que darle lugar a la depresión. El sentimiento de fracaso va a estar siempre, porque la sociedad es un fracaso y la humanidad una frustración. Mandamos gente a la luna y no le podemos dar de comer a todos, somos una vergüenza. Se te muere un pibe amigo de la villa y ¿no te vas a sentir frustrado? ¿no te vas a sentir un fracaso?

– ¿Cómo ves la Argentina de Mauricio Macri?

No hay mucho para pensar cuando gobierna un gobierno así. Y a la vez como dice Gilles Deleuze, no existen gobiernos de izquierda, gobierno e izquierda son conceptos antagónicos. Sí hay gobiernos que van tomando ciertas medidas, pero un gobierno está para administrar la violencia, administrar el dolor. Ahora con Macri no hay mucho para pensar, es tan obsceno, tan explícito todo. Lo difícil es pensar cuando tenés un gobierno que se define y se auto- proclama progresista y hace cosas de derecha. En un gobierno neoliberal no hay lugar para la sorpresa, para la novedad, para el matiz, es dos mas dos cuatro. No lloro como muchos. Cuando gobernó el kirchnerismo me mataron una banda de amigos, la policía del kirchnerismo, la policía del gobierno progresista. Al quejarte te trataban de conspirador, de hacerle el juego a no sé a quién. Ahora la gente que no escuchaba esos reclamos de cómo se reprimía igual en las villas bajo el aura progresista, son los primeros en decir “pero qué barbaridad lo de Macri, qué represor que es…

– Algo que parece sustancial es el papel de los medios y la disputa por el sentido en una sociedad…

No hay que olvidar que en Latinoamérica seguimos siendo cuasi-colonias y los medios no son autónomos o por lo menos en Latinoamérica responden a intereses imperialistas. No se puede negar que la jugada actual es geopolítica. No es particular de Argentina, particular de Brasil o particular de Venezuela, es geopolítica. Hay una decisión internacional de volver a un mundo completamente reaccionario, que expulsa, que segrega, que elimina.

– Se generan las condiciones para un neoliberalismo…

Lo que hubo en Latinoamérica, fue un proceso progresista, con un proceso progresista es mucho más posible que retorne el neoliberalismo. La democracia liberal nuestra se maneja por relevos, decía Baudrillard. No nos sorprendamos cuando vuelvan los gobiernos progresistas y después vuelva el neoliberalismo. Muy distinto es una revolución que lo veo muy lejos, no se intuye. Las revoluciones irrumpen. Me gusta la frase que Marx dice irónicamente “viva el libre mercado” ¿Por qué? Porque mientras más libre mercado, más liberalismo, mientras más se somete a la gente a las peores crueldades, ahí un pueblo puede tomar conciencia de que está sometido. Como digo siempre, agradezcámosle a Macri porque están saliendo muchos de la pachorra. No sé si en otro momento iba medio millón de personas a Plaza de Mayo como con el 2×1. La gente salió y recordó lo que fue la dictadura, el genocidio, los sueños de esa generación que fue arrancada de raíz.

– Dijiste que en la cárcel sentías en el guardia cierta transparencia. ¿Cómo lo notaste?

Viendo que están 25 años haciendo servicio primero. Segundo en las charlas que tuve, me contaron cosas muy personales, nunca un psicólogo me contó algo de él, de su familia, de su infancia. Charlaba horas y horas con los guardia- cárceles. Les he prestado libros del Che, nunca tuve una relación así con mi psicólogo. Le tenía que contar todo al psicólogo pero de él no sabía nada, está prohibido. Con el policía o el guardia-cárcel compartís un lenguaje, compartís muchas vivencias, muchas cosas parecidas de afuera. Cuando te cuenta de donde viene, como fue su infancia, vos decís “ah que parecida a la mía” o idéntica. Necesito pensarlo así, a mí me torturó el servicio penitenciario, si le abro la puerta al odio no sé en qué termina, porque tengo motivos de sobra para odiar. Me escriben “mirá soy guardia cárcel y te leo” eso es una revolución. Policías que van a mis charlas, gendarmes. Es algo increíble, nunca me lo hubiese imaginado, ni con una sobredosis de esperanza, ni con una sobredosis de optimismo.