Espaldas que aguantan

Espaldas que aguantan

Marys se reviste de corazas aunque la honestidad suele ser su fuerte, su punto de choque. Al igual que su casa, la primera impresión que se tiene de ella es que no le gusta “andar con vueltas”.

Resulta que es casi imposible chocar contra el filo de una mesa o contra las sillas del comedor porque no las hay. El espacio de la única habitación es amplio ya que funciona como hall, living y comedor. La decoración es austera, sin portarretratos, ni muebles de los que contienen “cosas”.

Ella camina y se sienta en el escritorio sobre el que hay computadora fija. La tele, a sus espaldas, ilumina el único sillón del lugar. Un sillón donde apenas caben dos personas.

Marys disfruta de esa soledad hogareña. Prefiere estar en su casa, leer, escribir e informarse. Le molesta la idea, por costumbre, de tener una pareja con la quien convivir.

“Me gusta vivir sola, no tener horarios, no atender el teléfono o la puerta si no quiero, no depender ni que dependan de mí.”

La comodidad o la simple voluntad de no sentirse “oprimida” la hace dormir en una cama de dos plazas.

Existen ciertas incomodidades en la vida de Marys. Una de ellas es su dolencia de columna. Sobre el sillón giratorio hay almohadones. En caso de que le duela la espalda, debe interrumpir militancia, entrevistas, comidas con amigos y su trabajo.

Pero, como bien relatan los mullidos almohadones sobre el sillón giratorio, Marys pasa horas allí. Leyendo, informándose sobre cosas como “Plan Cóndor”, “Operación Morgan”, “Terrorismo de Estado” y por medio de redes sociales se trata de informar lo mejor que puede.

***

Nuble Yic vive en el Cerro, con su esposa, Lady Rodríguez y sus dos hijas menores. Guarda reposo por un segundo infarto cardíaco.

La dictadura golpea la puerta de casas, derriba muebles y ejecuta enemigos de la reciente patria militar. En 1975, las Fuerzas Conjuntas planifican lo que se llama “Operación Morgan “ que conlleva a la persecución y ejecución de los militantes del Partido Comunista y el PVP.

Marys es parte de una familia totalmente desmembrada. Su tío Carlos Rivera Yic, cae preso, exiliado y clandestino. En 1974 asesinan a su prima Silvia Reyes, de 19 años de edad y embarazada de 3 meses. Mientras que su hermana Stella está presa. Nuble envía a una de sus hijas mayores al exilio y la otra pasa a la clandestinidad.

Madrugada de octubre de 1975.

Los golpes de la puerta despiertan a todos. Entran seis personas armadas a la casa. Llegan en dos autos Volkswagen. Mientras esposan y encapuchan a Nuble, su casa es saqueada. Sobre un mantel colocan libros de la escuela de sus hijas, fotos, y todo lo que encontraron a su paso. Se llevan a Nuble con destino desconocido. Marys se mantiene aferrada a “La Rusita” una muñeca que le regaló su padre tras un viaje a la URSS.

Lady comienza la búsqueda, decide ir a los Servicios de Inteligencia Militar y preguntar por su esposo. Al llegar ve que un auto ubicado en el edificio, tiene la misma mancha que uno de los autos que se llevó a su marido. Le dicen que “ahí no está”

-¿Cómo que no saben dónde está mi marido si lo llevaron en ese auto?

-No sabemos dónde está su marido, no insista- le responde José Nino Gavazzo.

Transcurren cinco meses y la familia no sabe nada de Nuble. Ahora son ciudadanos categoría C, aquellos que el gobierno de facto convierte en desecho, los elimina del sistema, los deja sin estudiar, sin trabajar, sin tener que hacer otra cosa que tratar de buscar a su familiar.

Al tiempo llegan militares pidiendo un colchón, y permiten llevar a una casa en El Prado, ropa, comida y medicación, sin destino cierto. A la semana la ropa vuelve manchada de sangre y la comida podrida. La medicación nunca le llega.

Diciembre 1975.

Esa Navidad es la primera que Marys pasa sin su padre. Su madre, una mujer que ya era violenta, no sabe cómo manejar la situación. No puede contener y proteger a sus hijas.

Nuble no reparte ya los diarios “el Popular” o “la Fortaleza”, no ocupa el Frigorífico Nacional. Lady no tiene cómo recriminarle su ausencia y su obligada soledad por su militancia. Ya no puede discutir frente a sus hijas. Nuble ya no está.

Marys comienza a trabajar tempranamente. Cuida a su hermana y a sus sobrinos, y con temor, a su madre y trata, aún sin darse cuenta, de guardar un equilibrio sin resultados.

Son las doce, la Navidad llega al “Infierno Grande”, “300 Carlos” o “la Fábrica”. Allí son las instalaciones del Servicio Material y Armamento (SMA). Esa misma mañana, no se sabe con exactitud, soportó el plantón, el colgado o la picana.

La noche inaugura el silencio, el guardia comienza a vislumbrar como algunos reclusos lo rompen con un suave “Feliz Navidad”. Hacen la vista gorda. Los presos lo notan y se conmocionan. Se abrazan. “Nunca se borrará el recuerdo del apretado abrazo con Nuble Yic, con sus ojos enormes y lagrimeantes por la conmoción del momento, transmitiendo una fuerza y un cariño enorme a cada compañero que saludaba”, relatará uno de los reclusos, Clarel de los Santos, años después.

***

Marys maneja el material de trabajo con mucha facilidad, casi sin darse cuenta. Comenta cómo compró una mesada de mármol en el remate. Le dijo al albañil que la trajera y le regaló aquellas partes que no le servían. “¿Para qué lo quiero yo?” No soporta las sobras, ni todo aquello que implique cierto desorden.

En el consultorio, donde Marys es podóloga, cosmetóloga y masajista, los muebles y herramientas de trabajo están distribuidos según su función. El orden de la mujer, quien transita resuelta por todo el lugar, es extremo.

Remoja las manos de su clienta joven quien se excusa:

– Nunca me hice las manos.

– Ya me di cuenta, tienes demasiada cutícula- afirma sin darle importancia.

Más de diez diplomas ocupan la pared de fondo. Trabaja desde los 13 años. Su primer trabajo fue cuidando niños, pasó al gremio Textil y luego al gremio de la Salud. Al independizarse comienza con varios cursos relacionados a la estética y la salud.

Los clientes la aturden. A medida que se acerca diciembre Marys ya no tiene tiempo libre. Por lo general, tampoco tiene tiempo para irse de vacaciones en verano. Mientras que, en invierno es temporada baja de trabajo y no tiene plata.

“Hice cursos técnicos profesionales pero hubiera deseado “ser empleada pública” – bromea y sonríe al sentarse frente a su clienta. Toma sus manos, las pone en remojo y las observa a través de sus lentes sin demasiado interés. El paso siguiente es sacar, de forma mecánica, un manojo de utensilios que parecen pequeñas pinzas y comienza su labor.

Hace un par de preguntas a su clienta e inicia la conversación.

***

Marzo de 1975.

En el Batallón 2º y 3º de Infantería de Camino Maldonado, permiten entrar primero a su hermana mayor y su madre. Ella queda sola y una militar la hace desnudar para la revisión. Vulnerable, deja su cuerpo desnudo. La hacen vestir y esperar fuera del cuartel su turno.

Marys tiene 11 años. Recita mentalmente la siguiente frase “voy a decirle a papá que nosotras estamos bien”. Es la primera vez, en cinco meses, que las dejan verlo, y será la última.

“Papá, nosotras estamos bien”, ensaya para no preocupar a su padre.

Un guardia le abre la puerta. Su madre está frente a una persona que le cuesta reconocer. Alguien que resulta ser su padre. No lo puede ver muy bien por la gran separación de la mesa. Los soldados armados están a su alrededor.

“Papá, nosotras estamos bien”, sigue ensayando mentalmente hasta que rompe en llanto.

– ¡No llores!- atisba su madre.

– Déjala que llore – le contesta su padre.

Nuble Yic muere al otro día en el patio del cuartel. Era el segundo “recreo”.

“Fui testigo de la muerte de Nuble Yic. Estábamos jugando al fútbol. Había sufrido un infarto en Octubre, previo y estaba haciendo reposo. (…)Nos llevaron al campito, llevan una pelota de trapo. Él se pone en el arco y cuando tiran un tiro, trata de atajarlo y se muere de un infarto”, relata Jorge Burguell, quien estuvo detenido junto a Nuble, en el año 1985 en una entrevista de los Archivos de Madres y Familiares de uruguayos Detenidos Desaparecidos.

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Se escucha a Paulina Rubio. Algunas veces sus clientes son insoportables. No prende la tele. Cuando trabaja prefiere apagarla, las noticias suelen desprender algún comentario desafortunado. De esos, que suelen decirse a tu esteticista de confianza, “me intentaron robar”, “no soporto el dolor de rodillas” o en el peor de los casos “los desaparecidos y los asesinados se lo buscaron”. Marys evita saber cuáles son sus opiniones, se coloca su “coraza” y separa el trabajo de su privacidad.

A veces, lleva su tarea fuera de casa. Cuida a su madre, está pendiente en todos los aspectos. Sin embargo, Marys lo hace por una especie de deber. Su madre fue en muchos aspectos de la vida una dura oposición, pero “es su madre”.

“Son sentimientos encontrados, la quiero y la rechazo. Recuerdo que una vez estábamos acá en el consultorio. Le estaba haciendo los pies. Le conté que empecé las denuncias a los responsables de la muerte de Papá. No me respondió nada. Me quedó mirando. Nada ¿entendés? Estaba ahí y no me dijo nada.”

Lo mismo pasó con el reportaje que le hicieron en La Diaria, donde por primera vez, confiesa que al ir a Camino Maldonado una militar la obligó a desnudarse para ver a su padre.

“Le di el reportaje para que lo leyera. En aquel momento no se lo dije para no cargarle otro dolor más. Pensé que iba a decir algo, pero no. Lo leyó y no dijo nada. Nada de nada.”

Los relatos sobre sus denuncias comienzan en el 2007. Cuando al ganar el Frente Amplio, Marys comenzó a sentirse más segura.

“Fue un cambio radical en mi vida.”

Ni su madre, ni sus hermanas quieren hablar del tema. Su hijo, cuando por fin entiende, la acompaña en el año 2013, por primera vez, a la Marcha del Silencio. Marys trata de machacar esas cosas que reconoce, aprendió de “esos años oscuros”: soledad impuesta, esconderse tras una coraza y desconfiar.

Cuando Marys comienza a buscar testigos, más de 20, para presentar la denuncia penal, comenzó a informarse, a leer legajos, a escuchar testimonios. Diferentes voces retrataron las torturas que sufrió su padre.

No pudo evitar las pesadillas, ni el insomnio, ni su mente que dejó el silencio para iniciar la testaruda tarea de repensarse.

Hizo terapia y le dijeron que sufría de “Edipo” ya que pasó de la niñez a la adultez en una sola madrugada. Sufre de bruxismo y trastornos de sueños postraumático.

***

Abril de 1989

Diego, su hijo, se fue a Salto de paseo con su abuela. Su ex esposo, quien también ejerció violencia psicológica y económica sobre ella, se fue a trabajar al banco. Marys sufre una gran depresión, no sabe para qué está en la vida. Aprovecha el estar sola en casa…

Despierta en el CTI de la mutualista, a su lado estaba su madre, no grita, no consuela, pero está ahí.

Esa Marys de tiempo atrás, es otra Marys, sin consultorio, sin clientes, sin amigos, sin retratos de su padre, sin computadora, la que recuerda que se casó a los 19 años para huir de su casa, del barrio y de su madre.

En Uruguay perdió el voto verde, el SI a la anulación de la “Ley de Caducidad”. No se puede juzgar a los criminales, asesinos de su familia.

Después de tanto dolor, empieza a creer en una especie de energía. “La vida es un boomerang, todo aquello que va, vuelve”, repite una y otra vez. Sin embargo, no perdona la indiferencia de su madre, “la necesité mucho”

Hay cosas que ella prefiere no pasar por alto, una de ellas es la “lealtad”.

Por eso cuidará de su madre hasta el 20 de enero de 2017, cuando muere luego de cuatro meses por un ACV. Porque es “leal a su sangre, a su familia”.

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La clienta espera a que se le seque el esmalte. Marys relata cómo decidió hacer su primera denuncia en SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia) en el año 2007, patrocinada por la Dra. Pilar Elhordoy. A quien Marys llama, con cierto dejo infantil, “Pilar”.

“Primero me mandé para SERPAJ. Hubo momentos difíciles, uno fue ir al Ministerio de Defensa. La primera vez que entré tuve un ataque de pánico. Leer un expediente en el Ministerio de Relaciones Exteriores donde se relataban las torturas en “El Infierno”, enfrentar la prensa, o por ejemplo, enfrentar al Juez Luis Charles cuando archivó la causa (me dijo que me sentara y le contesté “No me siento nada”)”

Al igual que anota sus cuentas según el orden de vencimiento, ordena su vida en etapas. La más oscura, vivir con la violencia de su madre, la muerte de su padre y su matrimonio. Luego, decidió divorciarse. Supo criar a su hijo sola, trabajar en dos lados, estudiar a la noche, salir con amigas y aprender a bailar danza árabe. También aprendió paso a paso como hacer una denuncia y mantenerla.

“Cuando miro para atrás parece que toda mi vida fue una mierda. Trato de ver si hice algo bien. Lo que más me cuestiono es haber podido enseñar a Diego la importancia de mi lucha y que entendiera que a veces es difícil salir sola del círculo de la violencia (en su más amplia palabra). Ahora todo lo que hago es para que las generaciones futuras nunca tengan que pasar por lo mismo.”

Marys ya no habla con pausas, gesticula una palabra tras otra. Con atropello y desorden. Aparece en su boca el primer insulto: “mierda”. Con el sabor y la sustancia de la incomprensión. La clienta queda pasmada ante el verdadero espectáculo de la honestidad: el llanto.

No sabe si torcer su brazo y abrazar a Marys. O enunciar un ridículo “va a estar todo bien”. Lo único que sabe es que su podóloga quiere morirse, que le duele la muerte de su padre, que le duele la relación con su madre, le duele el silencio y la falta de unión de su familia.

“Si muriera en este momento, no me importa. La vida y la muerte es la misma cosa. Creo que nadie notará mi ausencia.”

Si la clienta decide retirarse hasta que acabe el sufrimiento de quien llora sin valorar el llanto. De quien resigna parte de su vida al futuro y se cansa en el nombre de la “memoria colectiva”. Si la clienta decide irse y cruzar 8 de Octubre corriendo, fumar un cigarro a una cuadra de la casa de Marys frente al “Hospital Militar”, dónde el Dr. Mautone llamó a la tortura de Nuble Yic “insuficiencia cardiovascular”. Si la clienta o la radio intentan no balbucear consuelos: ni el tonto “va a estar todo bien”, ni el hipócrita “el mundo anda con vos”.

Si decide tal vez acordarse de que Marys llora en soledad cada vez que escucha la indiferencia de sus pares. Si lo recuerda cada vez que leen los bosquejos de los historiadores desde un 1973 hasta un 1985. Tal vez, debería anotarse en la esquina de algún cuaderno de la Historia que existen historias. Y que no todas las espaldas aguantan.