De la intrascendencia a la intransigencia

De la intrascendencia a la intransigencia: más de 20 años de cultivos transgénicos en Uruguay

La Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) organizó el miércoles 5 de julio el foro-debate “Modelo Transgénico, Desarrollo Productivo y Salud Colectiva”. Fue la primera de las tres jornadas previstas para reimpulsar el núcleo nacional de una organización fundada en 1984 y con permanente actividad en temáticas de salud a nivel latinoamericano. Unas treinta personas vinculadas a distintas organizaciones sociales y facultades se dieron cita en el Centro de Posgrado de la Facultad de Enfermería de la UdelaR para participar del foro.

La primera exposición estuvo a cargo de la Ingeniera Agrónoma Isabel Andreoni, responsable de la Unidad de Montevideo Rural de la Intendencia de Montevideo e integrante de ALAMES-Uruguay. “La tecnología no es neutral, es política”, fue la frase que eligió la ingeniera para dar comienzo a una oratoria concisa que dejó de lado los aspectos técnicos de su especialidad para plantear la perspectiva geopolítica desde la que la organización aborda el modelo de producción agrícola de nuestro país. Afirmó que el concepto de desarrollo que hoy rige las políticas públicas en la materia es propio del sistema capitalista y no existe fuera de él. Su irrupción histórica tuvo lugar luego de la Segunda Guerra Mundial como una idea colonialista. “Hasta los años 50 nadie quería desarrollar a nadie. Directamente se hablaba de colonias”, dijo Andreoni. Pero si la tecnología no es neutral sino política, otro tipo de tecnología es posible. Según la Ingeniera se debe apuntar a “tecnologías para la inclusión social” y el modelo alternativo de producción a apuntalar es el de la Agroecología.

Que veinte años es mucho

Luego llegó el turno del Licenciado en Bioquímica Pablo Galeano, docente de la Cátedra de Bioquímica de la Facultad de Química, integrante de Redes – Amigos de la Tierra (Redes – AT) y del Núcleo Interdisciplinario “Colectivo TÁ. Impactos de la intensificación de los sistemas agroalimentarios y sociedad: transgénicos y plaguicidas, de problemas a construcción de alternativas”, del Espacio Interdisciplinario de la UdelaR. Galeano acompañó su intervención con una presentación titulada “20 años de cultivos transgénicos en Uruguay”. Esos veinte años se cumplieron el 2 de octubre pasado, y fue sobre su proceso de llegada al país que el bioquímico hizo sus primeros comentarios.

La solicitud de autorización por la que se introdujo el primer evento transgénico en Uruguay fue realizada en 1996 por la empresa NIDERA S.A., cuya representante en aquel momento era Monsanto. Se trataba de una soja llamada 40-3-2 que contenía un gen llamado CP4 que la volvía resistente al glifosato. La resolución de habilitar el evento consideró que “la información derivada de las evaluaciones realizadas permite concluir que no existen riesgos asociados al gen CP4 para la salud humana, sanidad vegetal o el medio ambiente”. Pero Galeano contó que “en Uruguay no se hicieron evaluaciones, sino que las hizo la empresa que solicitó la habilitación”. En aquella ocasión la Dirección Nacional de Servicios Agrícolas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) resolvió “prescindir del Análisis de Riesgo de Materiales Transgénicos” para las sucesivas introducciones de soja resistentes al glifosato que contuvieran “la línea 40-3-2 con el gen CP4”, debiendo pasar solamente por el régimen cuarentenario por el que pasan las especies de semillas no modificadas genéticamente antes de ser liberadas en Uruguay.

En 1999, el diputado Enrique Rubio “realizó un pedido de informes al entonces Ministro Zorrilla de San Martín” sobre “los efectos al medioambiente de los alimentos y cultivos basados en organismos vivos modificados genéticamente, porque los legisladores no sabían si había o no cultivos transgénicos aprobados en Uruguay”, narró el licenciado. “El MGAP respondió que sí los había, y ante la pregunta del impacto que el desarrollo de este tipo de cultivos tendría respecto a la imagen del país como exportador natural, aseguró que sólo se había liberado un evento particular de soja ‘totalmente intrascendente para la agricultura nacional’. Hoy es el principal cultivo del país”, sentenció Galeano.

El bioquímico ha realizado numerosas investigaciones sobre las transformaciones en la estructura agraria del Uruguay desde la liberación de los cultivos transgénicos. Algunos de sus resultados más destacados son la multiplicación por 7 del precio de la tierra en los últimos 10 años -que dificulta el acceso a la misma por parte de los productores de menor escala-, la desaparición del 40% de las producciones de menos de 1000 ha. del país, el incremento exponencial de la superficie destinada a cultivos agrícolas y forestales y algunos hitos en la historia nacional, como que en 2013 la soja fue el primer cultivo agrícola que superó en producción de divisas a la carne.

La reprimarización de nuestra economía y de las vecinas está fuertemente asociada, según Galeano, al movimiento de capitales especulativos como los fondos de pensión, que luego de la crisis inmobiliaria de 2008 migraron hacia recursos primarios como la soja o el maíz, cuya cotización en las bolsas internacionales ha alcanzado niveles históricos. En nuestro país el proceso se vio fortalecido por las facilidades que el Estado brinda a los inversores, teniendo en cuenta el 35% de retenciones que el anterior gobierno argentino cobraba a las exportaciones agrícolas, retenciones actualmente eliminadas para unos cuantos cultivos pero no para la soja, a la que solo se le disminuyó el porcentaje retenido. “Pero las promesas de los cultivos transgénicos no se han cumplido, entre ellas la del menor uso de agrotóxicos. Mientras la superficie agrícola del Uruguay se multiplicó por cuatro, las importaciones de herbicidas se multiplicaron por seis”, graficó Galeano, para luego afirmar que “siempre un ecosistema de una sola especie será un ecosistema débil”.

Uruguay Top 10

La última exposición estuvo a cargo del Doctor en Ciencias Biológicas Claudio Martínez, Profesor Adjunto del Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias, Director del Laboratorio de Trazabilidad Molecular Alimentaria (LaTraMa) y también miembro del Colectivo TÁ. El Doctor presentó algunos principios básicos de genética y ciertas discusiones que se dan a la interna de ese campo científico y que suelen ser silenciadas a nivel mediático. Confesó haber “comprado en algún momento las promesas de los transgénicos” pero luego algunos planteos de Redes – AT y las investigaciones del científico argentino Andrés Carrasco se encargaron de desengañarlo.

Martínez comenzó esquematizando “el modelo de la expresión génica imperante desde los años 60, enunciado por uno de los grandes pensadores y científicos del Siglo XX, Francis Crick, descubridor de la doble hélice del ADN junto a James Watson”. Crick estableció el “dogma lineal” que dice que “el ADN se replica, se transcribe a ARN y se traduce a proteínas”, dogma que luego llegó a simplificarse al axioma “un gen, una proteína”. “Ese es el modelo imperante para ciertas lógicas productivas biotecnológicas hasta el día de hoy, que sostienen que metiendo un ADN [de una especie en otra] se obtiene una proteína, y con el resto no pasa nada. Hoy sabemos que la situación es bastante más compleja, a pesar de que muchos todavía no se enteraron”, ironizó el científico. Aseguró que “la biología está descansando en un nuevo paradigma del que no se habla mucho todavía y que se refiere a cada sistema vivo como una red compleja de interacciones donde tocar un componente implica alterar el todo”.

“’Yo soy mi ADN’ es una máxima que hasta el día de hoy es repetida por James Watson, pero actualmente sabemos que somos más que nuestro ADN”, siguió Martinez. “Es cierto que algunos caracteres genéticos determinan algunas características físicas. Por ejemplo, que las cejas de una persona se toquen o no depende de una sola secuencia de ADN. Pero nosotros somos realmente mucho más que nuestras propias células”, explicó el científico. “Si tenemos aproximadamente un 10 seguido de 15 ceros de células propias, tenemos también un número similar de bacterias, hongos y virus que viven en nuestros cuerpos y son fundamentales para todos los procesos biológicos, desde el estado de ánimo al metabolismo”. La complejidad del planteo derivó en una aseveración de lo más sencilla: “El glifosato es un potente antibiótico. Mata a los microbios. Por lo tanto está provocando un desajuste en nuestro microbioma que inevitablemente va a tener consecuencias en nuestra salud”, concluyó el director de LaTraMa.

También dijo que las ciencias biológicas atraviesan hoy “una etapa fascinante” en la que se está empezando a entender el funcionamiento de una capa de regulación biológica denominada epigenética, que es tan importante como la genética para determinar quiénes somos. “Por primera vez estamos pudiendo encarar la relación del ambiente con lo que somos de una manera sistemática. Pero de eso no hablan mucho los libros”, lamentó. También mostró otros ejemplos de edición genética en alimentos a nivel mundial, como una manzana llamada ‘Golden Apple’ que no se amarrona cuando se corta, con el fin de poder fraccionarla en chips para venderla y que no tenga un color marrón cuando se presenta al consumidor. “Un fin estrictamente comercial, pues no cambia su sabor ni su costo de producción”, concluyó Martinez.

“Uruguay está en el top 10 en superficie de cultivos transgénicos, entre los 28 países que los cultivan. Estamos mejor que en el fútbol”, bromeó el científico. También aseguró que la pregonada tecnología de punta del Uruguay Agrointeligente no es tal, sino que usamos una tecnología “de la edad de piedra”. En los últimos años, el Colectivo TÁ ha brindado asesoramiento a actores políticos con miras a introducir nuevas regulaciones entorno a los transgénicos en el país, con resultados disímiles. Martínez contó cómo fueron “jopeados” por la Senadora Carol Aviaga, que se descolgó con un proyecto de ley de etiquetado de transgénicos antes de terminar el proceso de asesoramiento y evaluación, mientras que con las cuatro intendencias que terminaron por decretar la obligatoriedad del etiquetado lograron articular un mejor trabajo.

Además, el docente aseguró que han pasado de una actividad con énfasis en la denuncia a una perspectiva de fortalecimiento de la agroecología como modelo alternativo, y es en ese sentido que vienen trabajando con la Red de Agroecología. Allí se valoran los aportes que puedan traer a la alimentación a nivel mundial algunas formas de producción milenarias como la Milpa mesoamericana, un sistema de policultivo que genera un espacio dinámico de recursos genéticos. “Tenemos que crear la Milpa del Siglo XXI”, propuso Martínez.

La actividad se cerró con una prolongada participación del público. Una integrante de ALAMES destacó “cómo se silencia a nivel mediático a Bolivia –a diferencia de lo que se hace con Venezuela–, país que tiene mucho que enseñarnos en esta materia”. La moderadora del debate apuntó a recabar la mayor cantidad de comentarios antes de ceder la palabra a Mauricio –productor de la Coopertiva Graneco–, pues lo conocía y sabía que su intervención se extendería. Con su largo pelo blanco atado y su barba entrecana, Mauricio fue radical: “Yo del Estado no espero nada”, exclamó. Además dijo que según la propia Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) “el 70% de la producción de alimentos del mundo viene de la producción familiar”, y que “no hay forma de crear la Milpa del Siglo XXI si ese 40% de los productores familiares que se vinieron a la ciudad no vuelven al campo, y para eso tienen que tener acceso a la tierra”. Luego, cuando quien lo sucedió en el uso de la palabra se refirió a la compra de Monsanto por parte de Bayer, le pidió una interrupción para acotar que “Bayer no va a comprar Monsanto”. “Es una alianza que hicieron porque Monsanto necesita entrar en Europa”, aseguró el productor familiar.

Al cierre de la actividad se convocó al próximo foro de ALAMES, que será el miércoles 12 de julio en el Centro de Posgrado de la Facultad de Enfermería y abordará la actualidad de la Salud Mental en Uruguay. Las jornadas se cerrarán el 2 de agosto con un debate entorno a los 10 años del Sistema Nacional Integrado de Salud, que se cumplen este año.