Convivir con la duda – Parte II

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Convivir con la duda

PARTE II

“Que se lo pague Dios”

Si vos lo pensas en años fueron del 66’ al 72’, seis años, si lo pensas en intensidad fueron décadas.

Pero primero, tuvo una escapada.

Había probado dar clases de francés en dos liceos, y con anterioridad, trabajó de ayudante para un arquitecto. Pero, para ese entonces, ya trabajaba en la Alianza como dibujante. Le ponía “los pelos de punta” que su jefe la llamara “Mary” y  estaba “podrida” del trabajo que, a diferencia de los anteriores, no implicaba poner en juego su creatividad. Por eso cuando la llamaron del ex grupo de girl scouts para ofrecerle un viaje por Europa con los pasajes pagos, no lo dudó.

Consiguió algunos pases diplomáticos de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), algún que otro carnet del Ministerio de Relaciones Exteriores, el que le prestó un amigo. Se subió al barco y se detuvo en la primer parada que encontró. Se hospedaba en hostales para estudiantes donde ofrecían desayunos gratis.

Cuando llegué a Lisboa, dije acá me bajo del barco. Me bajé a nada. Tenía una guía michelin. Me dije no puede ser que vaya a Europa y no conozca.

Conoció a estudiantes coreanos, mexicanos y franceses. Viajó y con la excusa de que había conseguido una beca para perfeccionar su francés, se quedó más tiempo del estimado por Alemania, Francia, España, Portugal, Italia y Holanda.

–A mi familia le escribí: Mamá, papá me quedo unos meses más.

Con otros dos estudiantes conoció las costas del Sur de Italia a dedo y se quedó sin plata. Volvió a Marsella donde había un monasterio de las Dominicas francesas. Allí encontró a una monja uruguaya que la reconoció como ex alumna del colegio. La dejaron dormir por una noche en la Iglesia. Al otro día, le dieron plata para volver y una dirección para retornar el préstamo.

–Que se los pague Dios.

Ya en el puerto de España le dijeron que el barco necesitaba algunos arreglos y zarpaba la semana entrante. Tuvo un breve intercambio con el capitán. “No tenía nada de plata”. Pudo arreglar con él para subirse a un barco mercante y viajar junto a la tripulación, con la condición de utilizar el carnet del Ministerio de Relaciones Exteriores para bajar en todos los puertos con una valija vacía y volver con esta llena. Leyó libros que se había comprado en todo el camino.

-Ver toda esa sociedad europea tan distinta a la nuestra. El hecho que la Universidad no fuera gratuita, por ejemplo, eran de las cosas que te chocaban para mal. Empecé a valorar un poco Uruguay, en el asunto de la religión. Nosotros no estábamos adaptados a ninguna religión.

Volvió después de cinco meses, estuvo desde diciembre de 1964 hasta abril del 65.

“La Iskra”

Terminó el 64 y me fui distanciando del comité universitario del FIDEL. Vi que estaba metida en todas las discusiones de la izquierda. Se había conformado la CNT, habían dado el golpe de Estado en Brasil, en el 65 fue la invasión de Estados Unidos en Santo Domingo. Todo eso movía mucho el ambiente y te iba empujando a vos. No te podías quedar pasivo.

Al retornar, la militancia dejó de ser algo solamente importante y comenzó a transformar su vida. Primero, la llamaron “La Parda”, por su carácter dubitativo. Luego, se alió a un grupo de estudiantes en Arquitectura, críticos y disconformes como ella. Fue así como junto a Leonel Martínez, con quien se casó, Luis Martínez, su cuñado, Daniel Machado y Aníbal de Lucía, formaron la quinta célula del movimiento guerrillero urbano MLN-T.

-Nosotros pensamos que el trabajo de masas, el sindical, social, barrial, gremial era el lugar idóneo para prender la pradera. Ahora, también pensábamos que tenía que existir la chispa para que la pradera se incendiara.

La Célula E se encargó del estudio de las cloacas montevideanas, años previos al estallido de la guerrilla. La Parda, entonces, trabajaba entre semana para su  jefe, el “yankee choto” que la llamaba irritantemente “Mary”, mientras que los sábados y domingos transitaba las cloacas. La tarea implicó quedarse hasta tres días encerrados para ver si un ser humano podía sobrevivir allí.

-Aca no daba lo rural, dividido en latifundio, erigido a las ciudades no era fácil. El sustento urbano era fundamental para poder plantear algo. Entonce ahí empezamos a estudiar guerrillas urbanas o actividad clandestina. La revolución francesa también utilizó las cloacas en París. La resistencia ni que hablar. En la zona franquista también.

El grupo fabricó “periscopios” para divisar a través de las “bocas de tormenta” las calles que daban su ubicación. Por lo general, usaban la salida que daba a la Playa Ramírez. Todo esto quedó anotado en un mapa “expropiado” a la Intendencia de Montevideo.

–Abajo de la Plaza Libertad hay como otra plaza. Ahí festejamos el cumpleaños de un compañero: Aníbal. Le dijimos que tenía que venirse igual, aunque fuera su cumpleaños, la militancia era primero. Su madre, una crack, le preparó una torta y me la llevó al trabajo. No sabía nada, pobre mujer. La corté y la puse en un bolsito. En las cantimploras llevamos vino. Le festejamos ahí. Lloró y todo, era un sentimental.

El tiempo comenzó a ser una exigencia cada vez mayor. Mientras las notas académicas bajaban, la guerrilla comenzó a ser real. Tras la muerte del primer “compañero” en un operativo, Carlos Flores, María Elia y el resto comenzaron a dimensionar la “realidad” de su militancia.

Fue un momento de inflexión porque ahí nos enfrentamos todos a la muerte. Una realidad que no era teórica. Salieron todas las fotos del loco con un balazo y sangre en la cabeza. Fue complicado los tipos se movieron rapidísimo, los de inteligencia de enlace, dirigidos por el comisario Otero. En seguida detuvieron a gente de la Teja.

Tras la muerte de Flores, cayeron varios compañeros y locales. En uno de los allanamientos murió otro militante, Mario Robaina. Otros, pasaron a la clandestinidad o a la cárcel. La mierda de las alcantarillas cobró un sentido más urgente: huir de la muerte y de las torturas.

Nos enfrentamos a la muerte, la cárcel, la tortura y la cantada.

La distancia familiar se hizo más necesaria por el peligro y sus tiempos. María Elia y Leonel se casaron y se mudaron juntos a Barrio Sur. El nuevo hogar se convirtió en un “local” del MLN. Así fue cómo al refugiar a un peronista clandestino, José Luis Nell Tacci¹, inteligencia militar lo identifica y lo persigue hasta la puerta del edificio.

“La clandestinidad es muy dura”

Las Fuerzas Conjuntas, al mando del comisario Alejandro Otero, aguardaban a unas calles de distancia a que el “sedicioso” saliera del edificio. A María Elia le pareció verlo y se lo comunicó a su esposo. Decidieron salir separados, por las dudas. Ella fue a comprar cigarrillos a un almacén y él leche a otro. Volvieron sin inconvenientes.

La siguiente resolución que María Elia y Leonel tomaron fue irse de la casa. Ellos primero en la moto, por un lado, y el peronista argentino por el otro. Lo apresaron al salir del edificio. Aníbal de Lucía que se encontraba yendo hacia la casa lo vio. Se vieron. Aníbal siguió de largo.

Las llaves del apartamento número uno estaban en el bolsillo del peronista. Al primer intento, los militares entraron y se quedaron allí. Horas después, su madre, a pedido suyo, pasó por el apartamento.

-Habíamos puesto vigilancia en la casa de mi madre, para ver qué hacía. Cuando nos enteramos que volvió la llame y le pregunté qué había visto. “Tu casa está llena de milicos”, me contestó.

No te asustes, le dijo.

Así conoció la clandestinidad.

–La primera clandestinidad es muy cerrada, vivís en “cantones” con grupos de clandestinos. Es dura porque vos convivís con la alerta, con la muerte. Y además no es una vida normal, no tenés tu trabajo ni tu familia. Al último casamiento que asistí fue al de Mopsi, a los otros no fui por el viaje y a otros por la clandestinidad.

Se disfrazaba de adolescente para hacer los contactos con otros compañeros, andaba en bicicleta y con libros en el canasto. Le gustaba ir a la rambla para “no sentirse asfixiada” o a la Iglesia de Cordón o al Cementerio.

-Lo primero es la convivencia con la muerte, que ya lo había vivido con la muerte de Carlos Flores. Te enfrenta directamente a lo que vivís. Desde ese momento, al tomarte un vaso de vino lo hacés con mucho más intensidad porque no sabés si llegás a los 80 años. Puedes quedarla ahí. Después la vida clandestina es complicada en el aspecto social, por ejemplo, se desarman parejas con facilidad.

Leonel cayó preso en octubre de 1968.

Ella, por su parte, cayó el 15 de julio de 1969 cuando fue una reunión en un local donde se fabricaban explosivos que ya había sido allanado por los militares. La esperaban allí. Estuvo de plantón durante 24 horas, encapuchada y en ropa interior.

En ese momento, la cárcel Cabildo estaba custodiada por monjas, las presas tenían que bañarse con camisones. “Tenían esas pavadas”. Veía la novela, “La Galleguita”² junto a las monjas. Las presas se reían de los dramas.

Un día se cortó la transmisión. Y vio la Toma de Pando.

–Con las compañeras del MLN no podíamos entender cómo había ocurrido la toma de una ciudad. Nos parecía que habíamos subestimado la fuerza militar del MLN. Pedimos explicaciones a afuera. Después con el tiempo, y con la llegada de las compañeras que habían caído, entendimos que no había sido tomada una ciudad entera, sino que fue la toma de algunas ciertas partes.

Fue, en ese momento, en que la Parda comenzó a cuestionar ciertos aspectos del MLN.

–Antes nosotros si expropiábamos un auto, como le decíamos, le dejábamos al dueño la plata de los arreglos, nos fijábamos que ese tipo no necesitará el auto para trabajar, que no fuera un médico o un repartidor, no sé. Si le afanamos el arma y el gorro a un policía, le pagábamos porque se los cobraban a ellos después.

El MLN comenzó a volcarse por “lo espectacular, lo cowboy”.

Para 1968, las filas del MLN se habían engrosado por jóvenes. Se planificaron grandes operativos para mostrar el poderío del MLN. La Operación Paloma³, fue uno de ellos.

–Cuando nos mandaron el plan de fuga de la cárcel, me pareció demasiado que todas nos fugáramos, capaz que las que estaban más complicadas sí, pero las que estaban por darles la libertad o tenían poco tiempo más… Hablé con varias de ellas pero solo logré convencer a algunas. No todas conocían lo difícil que era la clandestinidad.

Al salir, quiso hablar con la vieja dirección. Plantear su postura sobre la pérdida de “lo político”, así se pudo discutir también “a lo largo de la cadena”. Envió con alguien un mensaje a la cárcel de Punta Carretas donde se encontraban Huidobro y Marenales. Leonel, que también estaba preso allí, se los entregó.

–El Ñato4 me respondió y me respondió mal. Me habló de presupuestos que yo no había planteado, hablé con ellos porque había empezado a militar con ellos.

Les plantearon a ella y a otros disidentes, militar en la base del interior o irse. Formó la Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores (FRT) junto a otros compañeros clandestinos con los que compartía posturas.

Al final salimos. Pedí una reunión porque cómo podía ser que no se tomará en cuenta  al ser humano, a uno que se fugaba y no aguantaba la clandestinidad. Al que se le podían generar problemas con sus hijos, por esa decisión. Ahí empezamos a ver, unos cuantos y yo que  el equilibro entre lo político y militar se estaba perdiendo. Había gente que decía que era combatiente. Yo no he sido una combatiente. Fui un individuo que agarró la vía armada, nada más.

  1. Requerido por el asalto al Policlínico Bancario en Buenos Aires, operativo planteado para financiar el Movimiento Nacionalista Tacuara en agosto del 63. Luego, en el 66 viajan a la China maoísta. Retornan a Uruguay y se contactan con el MLN para reconstruir la Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).
  2. La Galleguita, telenovela argentina transmitida en las dos orillas del Río de la Plata en 1969
  3. Fuga de unas 38 presas de la cárcel Cabildo el 30 de julio de 1970
  4. Eleuterio Fernández Huidobro