Nuestro derecho a ser

Nuestro derecho a ser

No me posiciono desde la categoría mujer trans. Reivindico mi identidad como travesti. Hay una cuestión de clase social en esta categoría. Lo travesti incluye lo racial, lo territorio, por un tema de pobreza. Es necesario hablar de todas esos temas cuando hablamos de la identidad trans. Hablar desde lo travesti es una posición política.

Lo trans hoy está siendo cooptado, lo ves en las marchas internacionales donde las empresas financian las movilizaciones y las patrocinan. Eligen un determinado patrón estético. Es esa contradicción la que me hace alejarme la comunidad  LGBTIQ. La “T” es lo que se adapta, de alguna manera, a lo que el sistema quiere.

Los procesos de cambio de género son muy rudimentarios. Los riesgos son muchos, sobre todo, cuando hablamos de la identidad adolescente trans. La hormonización es un proceso que, por lo general, hacen solos sin ayuda psicológica, ni un médico que controle todo el proceso.

El peor efecto es la muerte. Los efectos secundarios, por mala praxis, pueden ser desde úlceras hasta cáncer que son evitables cuando la “hormonización” es cuidada. El uso de materiales que no son para el cuerpo, como los aceites de uso industrial, pueden provocar la muerte. Hay muchas compañeras trans que se han muerto al inyectarse silicona líquida.

Nosotras no vamos al médico. Solo para hacernos exámenes de enfermedades de transmisión sexual. Es una naturalización que tenemos incorporada porque es el espacio sesgado que te deja la sociedad. No nos creemos una sujeta o sujeto de derecho.

Es necesario hablar, visibilizar y que también existan políticas públicas que garanticen que nuestros procesos sean cuidados. Desde lo profesional, desde lo médico y desde una mirada que no sea patologizante.

Ahora que el feminismo está en boga nos acercamos a muchas personas que no tenían ni idea que era el feminismo. El feminismo está hasta en programas de chimentos, se habla aún más de lo identitario y de la opresión a un género que no es el masculino, que no es el género imperante que representa a una comunidad y con lo trans pasa, sobre todo con las feminidades trans, el hecho de que al no ser cuerpos productivos al poder perpetuar la especie, de eso de que el hombre te consume como un objeto y no se acerca desde un lugar afectivo o de querer entrar por otro lugar.

Las mujeres que son feministas comprenden lo identitario y son las que nos dan para adelante. Por eso lo del feminismo. El tema de la ley integral trans, fue tratado desde lo LGBTIQ, y es un movimiento que siempre estuvo liderado por hombres gay blancos de clase media. Eso hizo, creo, que el movimiento feminista no se involucrara. Porque esperaban, y eso fue lo que pasó, las personas trans empezaramos con la campaña. Y así fue como convocamos a lo LGBTIQ , a los estudiantes, al movimiento afro, al movimiento feminista. Desde el feminismo, se está viendo lo trans.

La ley es fundamental. Porque es integral y abarca cinco ejes esenciales: la salud, la identidad, el trabajo, la educación y la reparación histórica. La salida es elemental, porque la calidad de vida de las personas trans es muy baja. El acceso construir a nuestros cuerpos es restringido. El acceso a la salud y a trabajos dignos también. Nuestra expectativa de vida no llegua a los 40 años. Todo esto, por causas que son evitables por eso la ley es fundamental. Nos alargaría un poco más la vida.

Esperamos que con la Ley Integral Trans el sistema integrado de salud, como el que actualmente rige en el Hospital Saint Bois, se extienda a todo el territorio uruguayo. Deseamos que las personas trans no sean las que expliquen qué es identidad de género. Hay todo un terreno que hay que allanar. No todas las personas tenemos las herramientas para poder llegar decir y explicar. No existen para todas las mismas herramientas ideológicas y económicas.

Se debe asegurar el acceso a tener un trabajo digno y que no sea precarizado. En la actualidad, el único destino ha sido la prostitución. Ni siquiera hablo de trabajo sexual ese término se refiere a las personas ya tienen las herramientas para poder posicionarse desde el lugar de la trabajadora. Cuando no hay alternativas es explotación sexual. Y ese ha sido nuestro destino.

Identificarse con una masculinidad está aceptado pero identificarse como una feminidad esta mucho mas vapuleado. Siempre se asoció a la identidad femenina trans con lo que tiene que ver con las prácticas ilegales, con la pedofilia y con ser degeneradas. Un imaginario que sigue presente, parece que salimos de una película porno a caminar por la calle. Todo el tiempo nos están preguntando cuánto cobramos.

Para las compañeras que sufrieron la violencia institucional por parte del propio Estado. Durante la dictadura y los primeros gobiernos democráticos, porque de hecho el decreto de razzias estuvo vigente hasta el 2005. En este año y medio en la tratativa de la Ley  ya se murieron seis compañeras sin acceder a la reparación histórica y se van a seguir muriendo. La reparación no es nada, es algo simbólico. La prestación es de unos 11.000 pesos. Sería la comida del mes.Nosotras sobrevivimos. Sólo el 38% de personas trans están reconocidas como trabajadoras y dentro del Sistema integral de Salud. No se reconocen tus derechos laborales. La ley trans obliga a que todas las instituciones desde las educativas hasta las instituciones de salud nos reconozcan. Reconocer es reparar. Es por ahí. 

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El vivir con VIH depende de varios factores. Si es un hombre blanco con VIH de clase media, universitario, pertenece a una clase social, los accesos y privilegios son diferentes. En mi caso vengo de clase media baja. Soy joven, tengo 25 años y casi un poco más de cuatro años de diagnosticado. Creo que hoy, esta respuesta no es la misma que te daría un joven con VIH de hace 20 años atrás. Pero hoy en día se sigue manteniendo la cuestión del estigma y el miedo. Se sigue pensando que somos o que soy en algún aspecto, un arma biológica para la otra persona. Todo generado desde el estigma y desde la desinformación. Vivir con VIH implica enfrentarte a esta desinformación y la realidad que implica ser seropositivo. En la interseccionalidad dentro de la comunidad LGBTIQ, estás en un lugar que te identifica y también te genera una separación. Desde una cuestión histórica, en la propia comunidad sucede que el denominador VIH, estigmatiza. Si te identificas con una persona LGBTIQ seguramente el VIH sea algo a lo que te asocien o piensen que puedas tener.

En mi caso hoy en día, ser un joven con VIH es nada, algo mas. Si me hago esta pregunta a nivel personal es como tener los ojos celestes o tenerlos marrones. Si me hago esta pregunta a nivel general de cómo lo vivo, entonces te contestaría todo lo anterior.
Es mismo el estigma y su desarrollo lo que ha perdurado históricamente y de esta manera se asocia a la comunidad LGBTIQ, como una población con mayor probabilidad de ser asociada a un seropositivo o considerarla población de riesgo.

Dentro de la comunidad creo que persiste el miedo por la doble estigmatización y hay mucha gente que quiere divorciarse del VIH. La realidad es que hay que atenderlo. Con decir que “no somos población de riesgo” solamente, no estamos logrando que la gente deje de infectarse dentro de la comunidad. No se cambia que la gente no se lo transmita. Si ya hay una comunidad que está trabajando en una ley trans, que alcanzó  conquistas como el matrimonio igualitario, el aborto y están trabajando estos temas a nivel social, posicionándonos a la vanguardia en temas de derechos humanos, debemos ser consecuentes y abrazar la causa. Regulando a través de una nueva ley de VIH, campañas oficiales y políticas públicas por parte del ministerio, ya que no existen campañas ni desde el estado, ni dentro de la sociedad civil. Hoy en día son las cosas que realmente impactan en la sociedad y que aún no existen.

No tengamos miedo a que nos vinculen. Históricamente ha sucedido y por algo sucede desde hace tiempo. Creo que desde la comunidad no se ha hecho mucho para revertir y reparar su estatus. Siempre digo lo mismo, “No voy a ensuciar la bandera del arcoíris con mi sangre, la voy a reivindicar y hacerla más inclusiva en todo caso”. No le tengas miedo al VIH, no es algo que anda en la vuelta; es algo que tenemos las personas. Si vos le tenes miedo al VIH, me estás teniendo miedo a mi.

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Luchadora, carismática, exuberante, capaz y libre. Soy capaz de hacer cualquier cosa por el drag.

El drag es una forma de expresión, tenes infinidad de cosas por hacer, podés tener bigote o no tenerlo. Va más allá de lo femenino o de ser un transformista, es vestuario, maquillaje y una puesta en escena muy exuberante.

Es también una performance constante, cuando uno está en drag hace un show todo el tiempo, porque se finge algo que no es. Uno es el papel, el personaje y lo lleva a cabo, la gente compra ese producto que se le vende.

Hay un montón de espacios en el que uno puede hacer shows, no necesariamente tiene que ser en la noche y en un boliche. A mi me gusta que me llamen de una marcha a la tarde o de un evento, es como otro espacio fuera del ambiente gay.  Las personas piensan, por lo general, que es para la comunidad o para la noche pero es para todas las ocasiones, no hay horarios, ni momentos, ni lugar, ni nada. En mi caso ando en ómnibus y salgo por la calle como drag; así se visibiliza y es menos tabú.

Cuando el drag es demasiado femenino, a los “chongos”, a los heterosexuales que tienen morbos con las chicas trans, les llama la atención. Porque te haces la cinturita, te ponés relleno y el maquillaje, más la peluca y uno viste el personaje como una princesa, como una modelo. Es verdad que puede llegar a confundir el hecho de no saber si sos trans o qué estás haciendo, porque hay gente que no sabe la definición de drag.

Ahora se está gestando una campaña para sacar el machismo del drag y que no sea solo algo de hombres el transformarse. Obviamente para una mujer hay cosas que son mucho más fáciles, tiene pechos y no tiene que “trucarse” -agarrarse los genitales y pegarlos para atrás-.

El drag es exageración, podés ser mujer cis, ser mujer trans, ser un hombre y hacerlo; hoy por hoy, es considerado un arte sin género. Ahora el movimiento en Uruguay es bastante fuerte, hay muchas nuevas drag queen. Cuando arranqué era la más joven, tenía 15 años. De esa generación era la más nueva.

Es un mundo muy abierto pero tenés que tener una presencia muy fuerte. Cuando uno hace drag quiere llegar y que todo el mundo lo vea. Es causar impacto, que se pregunten “Chan, ¿Quién es?”, te pidan una foto o incluso, se burlen. Después, según el estilo que quieras hacer, es el vestuario y el producto que uno tiene que armar para vender.

A mi me gusta usar corset o mallas porque la gente dice “Chan, si la gorda puede yo también”. Esta bueno inspirar para que otros se animen. A veces recibo mensajes de chiquilinas que me dicen: “gracias a vos me animé a ponerme un short corto”. Uno para sentirse una reina tiene que creérselo, para que el resto también lo haga. Ahí es cuando uno capta el personaje.

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Desde chiquito sentí que era un varón. Después de grande al no tener la información, tuve que tratar de vivir lo que podía. En el 2012 cuando se empezó a hablar de la temática, pude ponerle un nombre a lo que me pasaba. En ese momento se transmitía un reality donde había un chico trans; recién ahí, vi un hombre como yo. Pude enterarme también, que se podían hacer tratamientos hormonales y algunas cirugías para adecuar tu cuerpo a cómo te sentías.

Hay cambios que son internos y tienen que ver con un montón de cosas. No todo es físico, no todo es emocional sino, es un poco de cada cosa. Cuando comenzás el tratamiento hay mucha ansiedad y esta, se va canalizando a medida que vas viendo el proceso o mejor dicho, el proceso de tus cambios físicos. Pero a nivel emocional y mental, incluso vas teniendo determinados cambios.

Nosotros los varones trans al principio, tenemos altibajos en el humor y después eso va calmandose. Te vas adaptando a esta nueva hormona que está dentro de tu cuerpo y te vas manteniendo estable emocionalmente. No es algo que me ha pasado a mi solo, hablando con otros varones trans sentimos lo mismo; hay un antes y un después del tratamiento hormonal. Incluso pasa mucho con los adolescentes que estamos trabajando, tenemos la opinión de ellos. En la adolescencia estás como más retraído, y tímido, no te interesa mucho hablar con la gente o no sos muy sociable. Después del tratamiento, te podés expresar mucho mejor e interactuar con otra gente y tiene que ver con la reafirmación de quien sos y de que finalmente podés verte a vos mismo como siempre te sentiste.

Como el tema se está hablando más y nos estamos haciendo cargo de que se ponga sobre la mesa, los adolescentes están teniendo un ambiente amigable que les permite hablar de estos temas con una mayor libertad que antes. Yo recuerdo que en mi adolescencia no podíamos hablar de estos temas; primero no sabía que existía la persona trans, ya en un primer plano, no podía utilizar ese término. Por otro lado decir “me siento varón” era decir “estás loca“, no era importante, ni relevante, no existía y punto. Hoy los jóvenes pueden hablar de estos temas y las familias están receptivas.

Al país le cuesta más hablar de la temática trans cuando se refiere a mujeres. Si hay una escalera social, el varón trans asciende un escalón y la mujer trans lo desciende, es algo que pasa en la sociedad y su mirada. “Vos que naciste varón perdés tus privilegios de varón si te convertis en una mujer“. Esto se traslada a la familia y por eso a veces los padres son los que tienen mayor resistencia a estos cambios. Con mucha suerte, mucha ayuda y militancia estamos logrando entrar a las familias y hablar más de estos temas. Por ello, actualmente hay una mayor apertura en la sociedad.

Lo que falta es informar, acercarnos más y también más aliados. Cada vez que tengo la posibilidad de ir a una charla, digo lo mismo: “Sean nuestros aliados en esto“, a toda la sociedad toda se lo digo, sean nuestros aliados. En medida que podamos hablar de estos temas de buena forma: brindando información correcta, no como últimamente han salido a hablar en contra del proyecto de Ley Integral Trans con dichos raros que desinforman a la población y que por esto quizás mucha gente debe haber firmado desde el desconocimiento, sin saber de qué trata la ley.

Es otra cosa cuando se informa a la gente y no se le tiene miedo al cambio o aquello que aún no conocemos. Si conoces del tema, le vas a perder el miedo. Ser una persona trans no es algo que te pasa, no es una condición que sucede a los 20, 30 o 50 años, con esto se nace. Es una condición con la que nace el individuo y por lo tanto esto no va a ser contagioso ni tampoco una moda, es algo que realmente se siente en el alma.

A medida de que uno va hablando estos temas la cabeza se va aireando, no significa que estés de acuerdo o en desacuerdo. No estoy pidiendo que la gente me vea por la calle y me abrace. Podés no estar de acuerdo pero sin embargo empatizar y decir, “bueno fenómeno, respeto lo que te pasa, respeto quien sos”.